Hàbits de lectura i compra de llibres a Espanya durant el 2019

por Joan Carles Navarro

La Federación de Gremios de Editores de España acaba de presentar una nueva edición del informe Hábitos de lectura y compra de libros en España. Con este ya son tres años consecutivos -recordemos que entre los años 2013 y 2016 dejó de publicarse- que la Federación ofrece los resultados anuales de un estudio que inició el año 2010, de la mano de la consultora Conecta.

Lo primero que llama la atención de esta nueva edición es la brevedad: de las 115 páginas del informe anterior hemos pasado a las 34 de la actual. En términos generales, la estructura es la misma, a excepción de los apartados Antecedentes y Objetivos, Metodología y Principales conclusiones que, por algún motivo que desconocemos, y que cuesta de entender, han decidido eliminar. Más allá de esta supresión, la disminución del número de páginas es fruto de una reducción significativa del volumen de datos aportados y de un análisis de estas mucho menos detallado. Por todo ello, se tiene la sensación de estar leyendo el resumen ejecutivo de un informe más extenso, en el mejor de los casos, o los resultados de un estudio de menor profundidad, en el peor.

Para ilustrar el alcance de este cambio de criterio en la elaboración del informe basta recurrir al que es presentado como el perfil del lector frecuente de libros en este año 2019 y que ha sido reproducido en varios medios para resumir los resultados obtenidos:

La correspondencia de este perfil con la realidad es difícilmente contrastable si al mismo tiempo no se ofrece, también, la composición de la población objeto de estudio, en base a la que se ha elaborado este perfil: el único dato que conocemos es el número de personas (4.800 personas de 14 años o más), pero no la segmentación por sexo, edad, nivel de estudios, lugar de residencia o nacionalidad, detalles que sí se ofrecían en estudios anteriores. Sin esta información, que arrastraremos a lo largo de todo el informe, el lector sólo puede hacer un acto de fe.

Hechas estas apreciaciones preliminares, veamos algunos de los datos más destacables:

Número de lectores de libros (personas que leen libros, como mínimo, una vez al trimestre): desde 2010 este dato no ha parado de crecer. El año 2019 llega al 68,5% de la población española. Aunque no lo recoge el estudio, este resultado es aún más significativo si pensamos que, a excepción de la agrupación llamada ‘lectores de webs, blogs y foros’, el porcentaje de lectores de libros (y el de cómics) es el único que crece (+ 1,3%). El resto de porcentajes correspondientes a lectores de periódicos, revistas, incluso el de lectores de redes sociales, bajan respecto al año anterior. Otro dato que baja es el porcentaje total de lectores, que pasa del 96,1% en el año 2018 al 95,5% en 2019. Tratándose de un informe de hábitos lectores, habría sido oportuno señalarlo.

Lectores según edad y sexo: la comparativa entre hombres y mujeres que leen en tiempo libre ofrece un dato frecuente en estos estudios, y es que el porcentaje de mujeres lectoras es superior al de hombres lectores, en todas las franjas de edad. Es de destacar que la franja de 55 a 64 años, en la que se da el mayor porcentaje de mujeres lectoras (77,5%), coincide con la que hay un menor porcentaje de hombres lectores (48,4%). Y aún es más significativo que estas diferencias desaparezcan en el tramo ‘Más de 65 años’ en el que el porcentaje de mujeres lectoras baja significativamente (-29,1%!) hasta equiparse al de hombres lectores (48%). Sería interesante conocer las causas de este descenso tan pronunciado. Quizás una segmentación más detallada aportaría datos significativos del porqué y en qué momento se produce este descenso: el tramo ‘Más de 65 años’ agrupa un colectivo demasiado grande en una sociedad cada vez más envejecida y con una esperanza de vida que se sitúa entorno a los 86 años entre las mujeres y los 80 años entre los hombres. Adicionalmente, la comparativa de esta gráfica con la del informe del año 2018 ofrece resultados bastante dispares. Siendo que la población entre uno y otro estudio es la misma (4.800 personas de más de 14 años), convendría explicarlo.

Lectura y nivel de estudios finalizados: si bien es cierto, tal y como apunta el estudio, que el mayor porcentaje de lectores lo encontramos entre las personas que tienen estudios secundarios y universitarios finalizados, también lo es que entre este segmento de la población el porcentaje de lectores está aún por debajo de las cifras registradas el año 2012. El dato positivo, no obstante, es que sigue creciendo el porcentaje de lectores entre la población con estudios primarios.

Razones de no leer en el tiempo libre: como en otros ejercicios, la principal causa para no leer es la falta de tiempo, la falta de interés en la lectura o la preferencia de emplear el tiempo libre en otro tipo de actividades. Como novedad, es de agradecer que el informe incorpore una clasificación de cuáles son estas otras actividades: practicar deporte, ver la televisión, pasear, quedar con amigos, ver series y películas o navegar por internet, son , por este orden, las actividades preferidas por delante de la lectura. Una vez más, sin embargo, al no disponer del detalle por edades ni sexo, no podemos conocer qué incidencia tiene la práctica de estas actividades entre los diferentes segmentos de la población lectora.

Lectura en soporte digital: este es uno de los apartados que más ha sufrido la reducción de análisis mencionada al inicio. En esta edición sólo se nos informa de la evolución del porcentaje de lectores en este soporte, desde el año 2010 al 2019; cuáles son los canales para obtener los libros, y qué porcentaje de lectores sabe distinguir las páginas de descarga ilegal de las que no lo son. Datos como qué leen, donde leen, en qué dispositivos o la misma segmentación por tipología de lectores (frecuentes u ocasionales), edad, sexo o nivel de estudios, que anteriormente eran incluidas y que son lo suficientemente relevantes para sacar conclusiones que vayan más allá y huyan del binomio digital-piratería, han sido obviadas. Sólo podemos lamentarlo.

Audiolibros: a pesar de ser uno de los formatos que acapara más inversiones y atención por parte del sector, el informe sólo dedica una página a audiolibros, que por otro lado relativizaría mucho el supuesto éxito de estos: del 2,4% de “lectores”de audiolibros en 2018 hemos pasado al 3% en el año 2019.

Compra de libros: Internet ha pasado a ser ya el segundo canal de compra de libros (31,9%), después de la librería (67,5%) y es el único que incrementa resultados. Sin embargo, así como el año pasado podíamos ver una clasificación de cuáles eran los principales lugares escogidos por los lectores a la hora de comprar libros no de texto (Amazon, Casa del Libro, Web de la editorial, Fnac, etc.), este año han decidido no incluirla, no sabemos si por no disponer de la información. Otro dato a destacar en este apartado es el reparto por comunidades autónomas: mientras que Madrid y el País Vasco se mantienen al frente, tanto en porcentaje de lectores como en el de compradores de libros, Navarra y Cataluña, que ocupan la tercera y cuarta posición en porcentaje de lectores, bajan por debajo de la media y se sitúan casi en las últimas posiciones en porcentaje de compradores de libros. ¿Quiere decir esto que hacen un uso más intensivo de bibliotecas y de otros canales gratuitos de acceso a la lectura?

Bibliotecas: no podemos dar respuesta a la pregunta que dejábamos abierta en el apartado anterior, porque no disponemos del reparto por CA del número de usuarios de bibliotecas y de la frecuencia con que las visitan. Como en otras ediciones, el informe de 2019 ofrece datos globales que indican una ligera disminución del porcentaje de usuarios que hacen un uso frecuente, a favor de los usuarios ocasionales. Qué actividades van a hacer o qué servicios utilizan unos y otros, servicio de préstamo incluido, es un dato que sí constaba en la edición anterior y que en esta ha sido eliminado.

Iniciación a la lectura (hasta 9 años) y Lectura en adolescentes: como el resto de apartados del informe, estos dos capítulos también han sido reducidos sensiblemente. Si bien sabemos que el índice lector mejora en ambos casos, tanto en porcentaje de lectores como en número de libros leídos en promedio, desconocemos qué leen y en qué lenguas y soportes de lectura lo hacen, datos que sí ofrecía el informe de la año 2018. El dato positivo, sin embargo, es que si bien el porcentaje de lectores frecuentes y ocasionales baja significativamente a partir de los 15 años, lo hace en menor medida de lo que lo hacía en el año 2018. Dicho en otras palabras, baja sustancialmente (-7 , 2%) el porcentaje de no lectores entre los adolescentes de 15 a 18 años.

Como resumen final, y para terminar, es una lástima que el informe presentado por la Federación de Gremios de Editores de España no tenga el mismo nivel de detalle que solía incluir en las versiones anteriores: la principal utilidad de este tipo de estudios es aportar información que permita conocer el estado actual de la cuestión, descubrir las principales tendencias y sacar las conclusiones oportunas. Para conseguirlo, el lector de esta versión tendrá que recurrir a ediciones anteriores y consultar algunos de los aspectos que han quedado excluidos. De cara al próximo ejercicio, sería muy oportuno volver a disponer de la edición íntegra.

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