Cómic: tradición y aires nuevos

Resulta asombroso observar cómo el cómic, que en sus orígenes muchos minusvaloraron, ha ido haciéndose un gran hueco entre el público tanto nacional como internacional. Letras e ilustraciones, dos artes que unidas han dado a luz obras cuya fuerza ilocutiva se ha visto multiplicada, llegan eficazmente al lector, ya sea para hacerle reír, llorar, imaginar o, simplemente, remover sus conciencias. Porque si algo caracteriza a la historieta en nuestros días es la diversidad de géneros que aborda, lo que le permite cautivar a un público cada vez más heterogéneo.

Este fin de semana cerró sus puertas la edición número 37 del Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Han sido tres intensos días que, como bien se ha hecho eco la prensa, han conseguido reunir a más de 112.000 visitantes, entre los cuales hubieron tanto veteranos amantes del género como recién llegados. Esto no ha sido un obstáculo en el desarrollo del encuentro, sino más bien su mayor virtud. Múltiples perfiles de lectores han encontrado espacios diferenciados donde poder saciar sus ansias de cómic y novela gráfica, entretenerse, codearse con los grandes del género, enriquecer sus conocimientos o presentar sus trabajos a las editoriales. Incluso los más pequeños han podido disfrutar de este Salón.

Esta diversidad no solo ha quedado reflejada en el público del encuentro, sino también entre sus galardonados. De nuevo hay equidad de género entre los premiados; que tres mujeres hayan ganado tres de los seis premios del que probablemente sea el encuentro de cómic más importante del país sigue siendo noticia de por sí, pero pronto llegará el día que ya no será necesario ni siquiera destacarlo.

Sin embargo, este año encontramos un nuevo hecho reseñable: la diversidad generacional. Algo menos de medio siglo de diferencia separa a la autora Premio Revelación, María Medem y Antonio Altarriba, Gran Premio de la Edición. Entre ambos polos se encuentran el resto de premiados divididos en décadas próximas, pero dispares. Con ¡Universo! Albert Monteys ha obtenido el premio a la Mejor Obra de Autor Español, Fernando Balius y Mario Pellejer han sido galardonados con el Premio Popular por Desmesura. Lourdes Navarro estrena categoría a la Mejor Obra Infantil y Juvenil con El árbol que crecía en mi pared, mientras que Lo que más me gusta son los monstruos de Emil Ferris ha recibido el premio a la Mejor Obra Extranjera.

No solo las edades de los autores, sino también la variedad de formatos y temáticas de las obras son el mejor ejemplo de la diversidad que parece haber abanderado este encuentro. El mundo onírico en su constante pugna con la realidad, ciencia ficción que apuesta por el formato digital, la locura desde una perspectiva autobiográfica, la incomprensión y soledad que inundan la adolescencia o la relación que mantiene una niña lobo lesbiana con los monstruos son algunas de las tramas que conquistaron el palmarés de esta edición. Consecuentemente, el poder enriquecedor de la diversidad es el fruto que nos han dejado unos premios que, de forma democrática, se sustentan tanto en el consenso de un jurado, como en las votaciones de profesionales del ámbito y la opinión de los lectores.

Ojalá esta tendencia de promocionar la diversidad en el cómic y la novela gráfica permanezca in crescendo, pues eso significará un verdadero estímulo para la creatividad. Todo parece indicar que la vitalidad del género está asegurada y que, tenazmente, seguirá ganando adeptos y acreditación cultural.

Alexandra Robles del Reguero

Profesora de secundaria de Lengua Castellana y Literatura en el IES Campos de Amaya de Villadiego, Burgos

Estudiante del Máster de Humanidades: arte, literatura y cultura contemporáneas de la UOC

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