Las mujeres de la historieta son reconocidas en el 36 Salón del Cómic de Barcelona

La historieta es un medio cuyo valor cultural ha sido cuestionado desde sus orígenes, porque se lo consideraba un género menor, y como tal los artistas de cómic se han visto históricamente forzados a encontrar espacios de rebelión y cuestionamiento del orden establecido. El lenguaje del cómic ha sido transgresor y ha desafiado la concepción de los dos terrenos entre los que se mueve: las artes gráficas y la literatura. Sin embargo, paradójicamente, la propia industria del cómic no ha sabido rebelarse contra una de las constantes de ese orden establecido: la invisibilización de las mujeres en el terreno de lo creativo. Hasta ahora.

Al mirar las listas de galardonados de los premios de comics más importantes, como el Premio Nacional del Cómic, y ante la escasez de nombres femeninos, sería legítimo preguntarse si hay mujeres historietistas. Y claro que las hay. En un campo que durante mucho tiempo fue dominado por los hombres, cada día son más las voces y las miradas femeninas. La buena noticia es que por fin estas mujeres van ganándose su espacio en los eventos oficiales destinados a reconocer la calidad de los trabajos. La edición número 36 del Salón Internacional del Cómic de Barcelona es la mejor prueba de ello. El pasado viernes, 13 de abril, la artista catalana Laura Pérez Vernetti fue galardonada con el Gran Premio de la edición en reconocimiento a su recorrido profesional. Laura, que es como firma algunos de sus trabajos, tiene una larga trayectoria en el mundo de la historieta y la ilustración, en el que ha explorado muchos temas y estilos. Perteneció a la generación del boom del cómic adulto de la España de los 80 y colaboró muchos años con El Víbora, revista de la que le interesaba la estética transgresora y experimental propia del cómic underground. Además, en esta edición del Salón del Cómic de Barcelona otra autora fue premiada. Ana Penya fue galardonada como autora revelación por su obra Estamos todas bien (Salamandra Graphic), en la que retrata el día a día de sus dos abuelas, a través de cuya historia personal homenajea a las mujeres que fueron educadas durante el franquismo.

Que dos mujeres hayan ganado dos de los premios del que probablemente sea el encuentro de cómic más importante del país es, sin lugar a dudas, noticia de por sí; pero lo es mucho más cuando tenemos en cuenta que entre los nominados en todas las categorías ha habido por primera vez equilibrio de género. Anabel Colazo, Tillie Walden y Begoña García-Alén son otros de los nombres femeninos que acompañan a las premiadas de esta edición. Esto no quiere decir que sean las primeras, claro que no, pero su mayor presencia en la selección del jurado es sin duda sintomático de que las historietistas en España han dado un paso adelante hacia un justo reconocimiento profesional. Y de su mano, pero también de la de otros dibujantes hombres, llegan al cómic personajes femeninos más complejos que relatan sus experiencias, sus emociones, su intimidad y su cotidianidad. Atrás quedaron los tiempos en los que las mujeres representadas en los cómics eran solo personajes secundarios, pasivos, definidos por su sexualidad y que existían casi exclusivamente como un elemento más que definía al personaje masculino. El lenguaje de la historieta, por fin, encuentra entre sus viñetas espacio para las voces de mujeres, para las autoras y para los personajes que, como las protagonistas de Estamos todas bien, hasta hace poco no se les adjudicaba interés narrativo.

Carmela Artime, profesora y coordinadora del programa de Lenguas Modernas de la Amsterdam University College.

Carmela está escribiendo la tesis doctoral Memory in the Spanish Graphic Novel (2005 – 2015): Fiction and Historical Representation. Es miembro del grupo de investigación LiCMES.