Cómic: tradición y aires nuevos

Resulta asombroso observar cómo el cómic, que en sus orígenes muchos minusvaloraron, ha ido haciéndose un gran hueco entre el público tanto nacional como internacional. Letras e ilustraciones, dos artes que unidas han dado a luz obras cuya fuerza ilocutiva se ha visto multiplicada, llegan eficazmente al lector, ya sea para hacerle reír, llorar, imaginar o, simplemente, remover sus conciencias. Porque si algo caracteriza a la historieta en nuestros días es la diversidad de géneros que aborda, lo que le permite cautivar a un público cada vez más heterogéneo.

Este fin de semana cerró sus puertas la edición número 37 del Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Han sido tres intensos días que, como bien se ha hecho eco la prensa, han conseguido reunir a más de 112.000 visitantes, entre los cuales hubieron tanto veteranos amantes del género como recién llegados. Esto no ha sido un obstáculo en el desarrollo del encuentro, sino más bien su mayor virtud. Múltiples perfiles de lectores han encontrado espacios diferenciados donde poder saciar sus ansias de cómic y novela gráfica, entretenerse, codearse con los grandes del género, enriquecer sus conocimientos o presentar sus trabajos a las editoriales. Incluso los más pequeños han podido disfrutar de este Salón.

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El potencial educativo de la novela gráfica: el caso de la editorial italiana BeccoGiallo

por Roger Prims

Desde hace unos años, el cómic, mediante sobre todo la novela gráfica, ha encontrado vías de expansión comercial y de incremento de su prestigio cultural. Parecen certificarlo, por un lado, la superación de una distribución tradicional hasta ahora poco ubicua que hace que el cómic comience a traspasar los límites de la tienda especializada y que disfrute de espacios propios en grandes cadenas de librerías, como han indicado Josep Rom y Daniel Gómez. Y por otro lado, y tal vez por eso mismo, la creciente adaptación de novelas gráficas en producciones cinematográficas o televisivas de gran éxito. Esto, desde un punto de vista comercial.

Si nos trasladamos a la vertiente de la consideración social de que goza la historieta, en cualquiera de sus expresiones, pero con un papel preeminente para la novela gráfica, parece que se haya comenzado a deshilachar la etiqueta que encasillaba el cómic como un género menor, tanto por sus características narrativas y artísticas como porque era considerado un producto de consumo, alejado de la alta cultura, y a menudo asociado al público infantil y juvenil. Aparte que la edad a la que está destinado un producto artístico o cultural no debería rebajar el prestigio, el hecho de que obras como Maus, de Art Spiegelman, hayan sido reconocidas con premios tan prestigiosos como el Pulitzer debería haber servido para agrietar los prejuicios hacia el género.

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